Han pasado más de cuatro meses desde el acontecimiento que conmocionó al mundo del fútbol. Dinamarca y Finlandia jugaban en el estadio Parken, en Copenhague, por la Eurocopa: Christian Eriksen, jugador de los locales, sufrió un paro cardíaco en pleno partido y casi pierde la vida. Afortunadamente, y gracias a una rápida atención, logró recuperarse.
La angustia fue muy fuerte: la mujer del jugador, Sabrina Kvist, entró en el campo y fue sujetada por los compañeros del jugador. El partido se suspendió y continuó unas horas después, con victoria finlandesa, cuyos jugadores, por respeto, no celebraron el gol.
Han pasado 109 días desde aquel suceso y Eriksen sigue con su recuperación. Pero aún no sabe qué futuro le espera en el Inter de Milán, que pagó 27 millones de euros por su pase en enero de 2020. La Federación Italiana, acatando el reglamento, informó que no podía permitirle volver a jugar en el Calcio luego de que le colocaran un desfibrilador.
“Christian Eriksen no podrá jugar en Italia. Si se le retira el desfibrilador al jugador, y si se confirma que su patología puede ser resuelta, podría jugar en el Inter”, dijo Francesco Braconaro, médico de la Federación en Italia. Además, la Federación danesa explicó que era necesario evitar las alteraciones del ritmo cardíaco.
Cuando se conoció el caso de Daley Blind, jugador holandés del Ajax, club donde pudo actuar en una situación similar a la de Eriksen, pero en Italia eso no está permitido.
Igualmente, Christian sigue alejado de los terrenos de juego y hasta ahora se desconoce su estado. Por ello, el Inter, en una reunión con un accionista, analizó su situación y barajó varias posibilidades para resolver su situación desde una perspectiva más económica que deportiva o humana.
