Guillermo Ochoa, ex arquero de la selección mexicana, imaginó alguna vez que su futuro era ser entrenador o directivo de un club como el América. Sin embargo, la experiencia de jugar en Europa cambió por completo sus planes después del retiro. El sábado pasado, el seis veces mundialista regresó al Estadio Azteca -rebautizado de manera simbólica Cancha Memo Ochoa- para despedirse del afecto popular y dar comienzo a una nueva etapa en la que apunta a ser embajador internacional o catalizador de jóvenes talentos.
“Hace años quería serlo. Tengo el primer año del título UEFA, pero conforme pasaron los años fui encontrando otro camino”, menciona luego de recibir la Medalla Anáhuac en Deporte 2026, distinción otorgada por su trayectoria futbolística. “En mi plan está seguir junto al club América fuera del país. Hay proyectos en los que estamos trabajando. Quizás no me verán tanto en puestos como el de director técnico o directivo, pero siempre trataré de ayudar para que el futbol mexicano mejore”.
El hombre de los rizos inconfundible -el primero en derribar el muro invisible que impedía a los porteros nacionales cruzar el Atlántico en 2011- ya no utiliza los guantes y suéteres acolchados con los que fabricó sus tardes de gloria. Ahora prefiere la seriedad del traje y los zapatos lustrados, aunque su carisma genera el mismo revuelo entre las nuevas generaciones.
“Los mexicanos somos gente muy cariñosa, abierta y muy alegre. Por eso quizás muchas veces nos ven la cara y no nos toman tan en serio en el deporte. A mí me tocó luchar contra eso en el futbol”, agrega el ex internacional de 41 años, repasando su paso por el Ajaccio, Málaga, Granada, Standard de Lieja, U.S. Salernitana y AVS Futbol. “A lo largo de mi carrera tuve críticas y momentos de dudas, pero el carácter no sólo se demuestra cuando ganas, sino también cuando algo sale mal y decides volver a intentarlo”.
Ochoa disputó 448 partidos con las Águilas, ganó un título de Liga, un Campeón de Campeones (2005) y la Liga de Campeones de Concacaf 2006. Durante su etapa con el Standard de Lieja, alzó una Copa de Bélgica (2018) y recibió el galardón al Mejor Jugador del equipo en la Temporada 2019. Pero su acto oficial ocurrió en el pasado Mundial, durante aquel encuentro ante contra República Checa en el que ingresó de cambio para jugar los 13 minutos finales. Días después, el 21 de julio, confirmó el final de su carrera profesional.
“Tal vez seguiré como embajador o advisor en Estados Unidos”, concluye sobre un futuro que esta vez se proyecta al norte de la frontera.
“Trataré de estar cerca de la afición y ayudar a los más jóvenes de que puedan tener esa exposición para alcanzar el éxito en su carrera”.
