La defensa del neurocirujano Leopoldo Luque, el principal acusado en el caso de la muerte de Diego Maradona en 2020, rechazó el miércoles que su cliente haya sido responsable de la internación domiciliaria del astro del fútbol o que hubiera actuado con conocimiento de que su conducta podía poner en riesgo su vida.
En la recta final del juicio en el tribunal de San Isidro, en las afueras de Buenos Aires, el abogado Francisco Oneto sostuvo que la decisión de trasladar a Maradona a una casa para continuar su recuperación tras una cirugía cerebral no fue tomada por Luque, sino que fue consentida por la familia del futbolista.
“El traslado a la internación domiciliaria, le pese a quien le pese, le duela a quien le duela, escandalice a quien escandalice, fue consentida por la familia”, afirmó Oneto durante su alegato. “Luque tenía un ámbito de incumbencia muy reducido”, agregó, aunque aseguró que “cada vez que lo llamaron y le pidieron que vaya, fue”.
El capitán de la selección que conquistó el Mundial en 1986 falleció de un ataque cardíaco el 25 de noviembre de 2020, mientras cumplía una internación domiciliaria en una casa situada en las afueras de Buenos Aires. Allí el legendario futbolista, entonces de 60 años, intentaba recuperarse de una cirugía practicada dos semanas antes en una clínica para removerle un hematoma subdural.
Durante el juicio, familiares de Maradona declararon que la casa donde él estaba internado carecía del equipamiento médico y de las condiciones sanitarias adecuadas para atenderlo.
En su última declaración ante el tribunal, Luque sostuvo que su intervención se limitó al seguimiento neuroquirúrgico de Maradona y negó haber sido responsable de supervisar su estado clínico durante la internación domiciliaria.
“Yo hacía el seguimiento de neurocirugía, no coordiné la internación domiciliaria. No soy clínico, ni psicólogo ni psiquiatra”, declaró el médico.
Además de Luque, están acusados la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz, los médicos Pedro Di Spagna y Nancy Forlini —esta última también responsable de cuidados domiciliarios de la empresa privada Swiss Medical—, Mariano Perroni, representante de la empresa que prestaba el servicio de enfermería, y el enfermero Ricardo Almirón.
Los procesados están imputados de homicidio simple por dolo eventual, que es cuando el victimario sabe que su conducta puede ocasionar un daño y aún así continúa con la acción. Se castiga con una pena máxima de 25 años de prisión.
Durante su alegato, Oneto rechazó que Luque hubiera incurrido en múltiples incumplimientos de sus deberes de cuidado y cuestionó que existiera el conocimiento del riesgo necesario para sostener una acusación de homicidio con dolo eventual.
Maradona “estaba cardiológicamente sano y el resto de las cuestiones que tenía eran asintomáticas”, sostuvo el abogado, quien también argumentó que su cliente no había generado un riesgo jurídicamente desaprobado que pudiera atribuirse a la muerte del futbolista.
“Ese resultado creemos que no fue responsabilidad de ninguno de los que está acá, que fue un resultado natural”, afirmó Oneto.
Durante la audiencia también intervino Roberto Rallín, otro de los abogados de Luque, quien sostuvo que el neurocirujano fue convertido en el “chivo expiatorio del caso”. Según Rallín, Luque llegó a la vida de Maradona “como cualquier profesional a la vida de un paciente”, pero la relación se prolongó porque el exfutbolista “lo quería, le tenía aprecio, porque se generó un vínculo”.
“Nos hicieron creer que Luque era una persona indiferente, que no le importaba la salud de Maradona”, afirmó Rallín. Sin embargo, sostuvo que la imagen que se intentó presentar del neurocirujano durante el juicio es alejada de la realidad: “No solo no fue indiferente, fue todo lo contrario”.
Se espera que los alegatos finales concluyan esta semana y que el tribunal dé a conocer su veredicto en diciembre.
